Cómo ahorrar fiscalmente

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Los fondos de inversión, los planes de pensiones y los depósitos son algunas de las opciones.

Son tiempos complicados en los que nos preocupa especialmente lo qué gastamos y cómo lo gastamos.  Día tras día nos hacemos preguntas sobre cómo podemos ahorrar, sin encontrar en muchas ocasiones respuesta. Son muchas las voces desde distintos ámbitos que hablan de reformas y deducciones, atendiendo a las últimas modificaciones que se producen en el sector, pero sin proponer medidas accesibles y cercanas que no impliquen de amplios conocimientos en la materia, y permitan alinear las necesidades del cliente con las de la entidad financiera.

Pero, ¿qué se entiende por ahorro fiscal?

Bajo este concepto se aglutina tanto los impuestos directos de renta y complementarios (que dejan de cancelarse por el uso de deducciones), como los que provienen de la financiación, ya sea de activos a corto o largo plazo (intereses y otros gastos financieros). En el contexto actual de alta fiscalidad, existen diferentes ventajas  que cuentan con productos de ahorro y nos permiten atenuar la subida impositiva en las rentas del ahorro: los fondos de inversión, los planes de pensiones y los depósitos.

¿Qué son los fondos de inversión?

Con los fondos de inversión podemos transferir nuestro dinero más todas las ganancias de un fondo de inversión a otro sin coste alguno. De esta forma no tenemos que pagar impuestos si empleamos el dinero de un fondo para contratar otro fondo, sin tener que tributar las plusvalías obtenidas hasta el momento en que se reembolsen las participaciones del fondo. Este régimen de diferimiento por traspaso siempre ha sido una de las preeminencias competitivas del fondo de inversión, pero la modificación de la escala tributaria permite al cliente decidir si reembolsa o sigue acumulando dentro del fondo.

Además, los fondos de inversión cuentan con otras ventajas: están regulados y poseen su propio reglamento interno, no exigen desembolsar grandes cantidades, facilitan la compra-venta y poseen beneficios fiscales, ya que sólo se deberá pagar impuestos si desea vender las participaciones y se ha obtenido beneficios con ellas. Este último aspecto es fundamental, ya que los fondos de inversión tienen una ventaja única en este sentido: la operativa del fondo conlleva que el rescate de los beneficios de un fondo se trate en realidad del rescate de participaciones que han aumentado de valor.

¿Y los planes de pensiones?

Los planes de pensiones reducen la base general del IRPF lo que hace que no haya que pagar por los beneficios que se vayan forjando, sino que será en el momento de percibir la prestación, ya sea por invalidez, jubilación o fallecimiento del titular, cuando se deberá tributar como una renta del trabajo. Los planes de pensiones son una de las fórmulas más habituales para pagar menos impuestos en la declaración de la renta. La fiscalidad es una de sus principales ventajas ya que supone una manera de incentivar el ahorro a largo plazo, como complemento a la pensión que ofrece la Seguridad Social. Además de una ayuda a la jubilación, es un elemento a tener en cuenta a la hora de hacer nuestra planificación fiscal, ya que las aportaciones están sujetas a desgravaciones.

Es decir, existe la posibilidad de deducir las aportaciones de la base imponible de la declaración de la rente, siempre y cuando se encuentre dentro de los límites marcados por la ley. Con la nueva reforma fiscal, los planes de pensiones se configuran como una de las alternativas más eficientes, ya que poseen diferentes beneficios fiscales con los que no cuentan el resto de productos para reducir la presión fiscal. De modo que cuanto antes se contrate este producto, más ahorro se garantizará, ya que no se trata de ahorrar grandes cantidades de una sola vez, sino de hacerlo de forma periódica.

¿Qué ocurre con los depósitos?

Por otra parte, los depósitos a largo plazo con intereses obtenidos a partir del 1 de enero de 2015, se configuran como una buena opción y una oportunidad de inversión después de que el Gobierno haya prorrogado en 2014 el incremento de la tributación de la renta del ahorro. Es un instrumento financiero de ahorro muy utilizado por los pequeños ahorradores ya que permite asumir escaso riesgo con una inversión prácticamente garantizada. Además, ofrecen gran liquidez y operatividad,y para obtener rentabilidad del depósito no es necesario contratar ningún producto relacionado con la entidad bancaria.

Analizando todos los puntos anteriores, los depósitos se presentan como una alternativa más interesante para una cartera a corto plazo, con cantidades por debajo de los 100.000 euros, ya que en caso de necesitar dinero se aplicaría una comisión de cancelación que no implicaría pérdida de capital. Para el resto de carteras, puede ser una buena opción recurrir a los fondos de inversión, ya que permitiría realizar variaciones sin tener que tributar y con mayor diversificación, buscando en todo momento la adaptación a las condiciones del mercado así como la situación individual de cada uno.

¿Tenemos otras opciones?

Además de los planes mencionados, existen otras opciones como los Planes Individuales de Ahorro Sistemático (PIAS). Se trata de una figura híbrida entre los planes de pensiones y los seguros, destinada a constituir un ahorro a largo plazo y con incentivos fiscales. A diferencia de los planes de pensiones o los planes de previsión asegurados, los planes individuales de ahorro sistemático no deben tener obligatoriamente como destino principal la jubilación. Además, son líquidos por lo que se puede recuperar el ahorro acumulado en cualquier momento. El atractivo de este producto radica, principalmente, en que no se tributa en el momento de constitución de la renta vitalicia, sino según se vaya cobrando.

¿Por qué opción optar?

Como se puede comprobar en los párrafos anteriores, algunas modificaciones como la deducción de la vivienda o el proyecto de ley para suprimir las deducciones de sociedades, están transformando el efecto fiscal del ahorro, es decir, los impuestos que debemos pagar tanto al aportar dinero como en el momento de recuperar el capital ahorrado. En este sentido, no existe el producto ideal para todos los ahorradores, ya que la mejor opción es optar por la combinación de varios de ellos. Lo que resulta de vital importancia es que antes de tomar una decisión nos informemos y nos dejemos asesorar sobre las ventajas y desventajas de cada producto, por lo que puede ser un buen momento para recurrir a los servicios de un profesional que nos ofrezca la opción más personalizada.

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